Por: Desiree Diaz

En los hogares colombianos es común iniciar las mañanas corriendo, saliendo de casa con apenas un pan o “un tinto” en el estómago, y empacando para los niños loncheras repletas de paquetes procesados que advierten excesos de azúcares. Existe una creencia generalizada de que alimentarse de forma saludable es un lujo costoso para el bolsillo, pero la nutricionista y dietista Andrea Peñaloza, en una reciente entrevista para Radio Sur 106.4 FM, demostró que con planificación estratégica y compras informadas, una excelente nutrición está al alcance de todas las familias.

El punto de partida no es el mercado, es la cocina El éxito de una buena alimentación comienza antes de salir de casa. El primer paso indispensable es revisar detalladamente la alacena y la nevera. Esta simple práctica permite priorizar el consumo de alimentos próximos a vencer o aquellas frutas y verduras que ya presentan un mayor grado de maduración, evitando así el doble desperdicio: el de la comida y el del dinero.

Con este inventario claro, la experta sugiere elaborar una lista de compras proyectada según el número de personas en el hogar y definir una periodicidad inteligente. Los alimentos frescos, como frutas y verduras, deben comprarse diaria o semanalmente debido a que se dañan más rápido, mientras que los productos no perecederos pueden adquirirse de forma quincenal o mensual. Adicionalmente, la doctora Peñaloza hace un llamado a recuperar el hábito de cocinar en casa, lo que no solo permite elegir métodos de cocción más sanos como hervir o cocinar al vapor para conservar nutrientes, sino que también ayuda a controlar los ingredientes, las porciones y reduce significativamente el gasto.

Estrategias de combate en los pasillos Al momento de mercar, la regla de oro es establecer un horario específico y nunca ir con prisa o con hambre. Un estómago vacío es el principal responsable de los antojos por productos azucarados y de las compras imprevistas que sabotean el presupuesto. Una vez en el establecimiento, el comprador debe dirigirse directamente a los pasillos donde se encuentran los productos de su lista. Para ahorrar, la nutricionista recomienda acudir a las plazas de mercado o tiendas locales, donde los alimentos naturales, frescos y en cosecha suelen ser mucho más económicos que los ultraprocesados.

Desde el año 2021, los colombianos cuentan con una ventaja invaluable: el etiquetado frontal. La instrucción de la especialista es evitar los productos saturados de sellos de advertencia por exceso de sodio, azúcares o grasas, y buscar activamente el sello positivo, un “chulito” que garantiza un bajo contenido de estos nutrientes críticos. Finalmente, para los cazadores de ofertas, hay una advertencia clara: de nada sirve comprar un alimento en descuento si su fecha de vencimiento es tan próxima que terminará en la basura por no alcanzar a consumirlo.

Adiós a la pirámide: El Plato Saludable Colombiano A la hora de servir la comida, es fundamental dejar atrás la antigua pirámide alimenticia y guiarnos por el “plato de alimentación saludable de la familia colombiana”. Este modelo moderno divide nuestra ingesta en cereales y tubérculos (para la energía), lácteos, frutas y verduras, proteínas (como carnes, huevos y leguminosas), y grasas saludables (como el aceite de oliva, el aguacate y el maní), minimizando al máximo los azúcares.

La presentación visual es determinante. Como se discutió en la mesa de trabajo de la emisora, “el cerebro tiene mucho que ver en esto”, por lo que un plato debe ser colorido y variado en texturas para resultar atractivo, especialmente para los niños que están forjando sus hábitos. Para aquellos jóvenes o adultos que se independizan y sienten rechazo por los vegetales, la doctora aconseja la técnica de la integración: camuflar los vegetales en un salteado de carne, hacer un omelet con espinacas y champiñones, o mezclar frutas en las ensaladas. Cumplir con las cinco porciones diarias de frutas y verduras recomendadas para la población colombiana es crucial, pues su aporte de fibra previene enfermedades cardiovasculares, diabetes e incluso cáncer colorrectal.

Consistencia frente a las “dietas milagro” El reportaje concluye con una reflexión contundente sobre nuestra cultura. No se trata de eliminar para siempre nuestras tradiciones culinarias, como la sopa, la changua o la bandeja paisa, sino de moderar su consumo para ocasiones sociales o familiares, sin convertirlas en la regla de todos los días.

El verdadero riesgo para la salud es la inconsistencia: ser estricto con las ensaladas entre semana para luego descontrolarse repetitivamente los fines de semana con pizzas y hamburguesas. A largo plazo, estas decisiones erráticas se traducen en alteraciones metabólicas severas como colesterol, triglicéridos altos y prediabetes. La nutrición no es una dieta para perder peso en 20 días, es un hábito sostenible para toda la vida porque, ineludiblemente, con el paso de los años la salud será el reflejo exacto de lo que comemos a diario.