Movilización social en Bogotá, Cali, Bucaramanga y Medellín frente a la estigmatización institucional y la violencia histórica contra las menores.

Por: Desiree Diaz Peña
Agenda Sur • Radio Sur 106.4 FM • Bogotá, Colombia
7 de septiembre de 2026

Ayer, las calles de las principales capitales colombianas —Bogotá, Cali, Bucaramanga y Medellín— se convirtieron en el epicentro de una movilización cargada de lo que sus asistentes definieron como una ‘digna rabia’. Más de 200 personas, incluyendo colectivas feministas, movimientos antifascistas y familias diversas, se unieron en un plantón para defender la identidad, protección y derechos de las niñas. La protesta estalló en rechazo directo a la estigmatización pública que las menores del colectivo ‘Resistencia Chiquita’ sufrieron por parte de la nueva dirección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), encendiendo las alarmas sobre lo que las organizaciones denuncian como un intento institucional de anulación y olvido.

La anulación del lenguaje y la guerra silenciosa contra la niñez

Para las familias y activistas que lideraron la jornada, no se trata únicamente de un debate administrativo, sino de una disputa existencial. La movilización, convocada por movimientos como Lilas y Lavandas y Memorias de Mujer, apunta a contrarrestar lo que perciben como una creciente e irrespetuosa influencia de corrientes conservadoras provenientes de América del Norte que buscan invisibilizar a las mujeres y niñas del territorio.

Sandra, madre de una de las jóvenes manifestantes, expresó con crudeza el sentir de las familias frente al retroceso en libertades que tanto esfuerzo ha costado conquistar: ‘Lo que viene para las niñas es una guerra muy fuerte porque nos están anulando a nuestras hijas. Hemos luchado por una libertad para ellas que no ha sido fácil. Si yo como mamá le doy libertad a mi hija, no entiendo por qué el Estado se lo tiene que quitar’.

El valor de ser nombradas: Romper la herencia del silencio

El trasfondo de esta movilización está marcado por cicatrices profundas. En el plantón de Bogotá, Sandra decidió romper el silencio sobre su propio pasado para ilustrar por qué erradicar o diluir el término ‘niñas’ tiene implicaciones peligrosas para su protección física y psicológica:

“Yo considero que deberían de tener en cuenta el punto de vista de nosotras como madres, mujeres, niñas que fuimos. Muchas fuimos maltratadas, pasamos por violaciones. Yo fui una de esas niñas violadas que calló. Hoy me estoy abriendo porque veo que no me están viendo… No quiero que mi hija, mis nietas o mis sobrinas pasen por algo así y que queden calladas. Si empezamos a que por unas letras —que simplemente son niñas— nos las empiezan a anular, así vamos a seguir el resto de nuestras vidas: anuladas y perdidas como todo.”

Este sobrecogedor relato expone el núcleo de la protesta: renombrar y visibilizar a las niñas no es un asunto de mera semántica. Para las manifestantes, mantener el término ‘niñas’ es un escudo protector esencial que permite identificar, denunciar y prevenir abusos y violencias históricas que prosperan cuando las víctimas son despojadas de su identidad específica.

Cifras de espanto y la urgencia de la resistencia juvenil

Fernanda Torres, una de las líderesas jóvenes que coordinó la manifestación, enfatizó que esta marcha no responde a una problemática aislada, sino a una alarmante coyuntura de violencia de género en el país. Durante su intervención, Torres recordó cifras alarmantes: solo en el mes de agosto se registraron más de 30 feminicidios en Colombia. En este contexto de extrema vulnerabilidad, invisibilizar el nombre de las niñas y arrebatarles su voz en el discurso público equivale a dejarlas desprotegidas ante la máxima violencia patriarcal.

La líder juvenil denunció además una histórica usurpación de la vocería por parte de los hombres: ‘Durante mucho tiempo, durante muchos años, los hombres nos han robado el reconocimiento, nos han robado los triunfos, nos han robado muchas cosas que realmente como mujeres y como personas reconocidas nos merecemos. Por eso tomamos la decisión de hacerlo de esta manera’. La movilización se sitúa, intencionalmente, como una de las primeras manifestaciones frente al gobierno entrante, estableciendo una postura innegociable sobre la prioridad de los derechos de las mujeres y las niñas.

De las calles a las fundaciones: Construyendo redes de salvación

La protesta social de las colectivas colombianas no aspira a ser un acto efímero. La meta a mediano plazo de los movimientos convocantes es trascender el plantón y solidificar sus redes de apoyo en instituciones permanentes. Fernanda Torres anunció que una de las metas centrales tras esta movilización es consolidar formalmente el movimiento Lilas y Lavandas como una fundación.

Esta nueva organización tendrá como propósito brindar asistencia integral a mujeres, madres y niñas que han sido afectadas por la violencia de género, así como abrir espacios permanentes de conversación y formación. El objetivo es claro: educar a la juventud y capacitar a las comunidades para erradicar las estructuras patriarcales desde la raíz, impidiendo que el paso del tiempo vuelva a sepultar sus voces en el olvido.

Comunidad, diversidad y esperanza: La lucha continúa

La movilización en Bogotá reunió a un espectro amplio de la sociedad civil. Aunque el liderazgo y la vocería fueron exclusivamente femeninos, la marcha contó con el acompañamiento activo de aliados diversos: mujeres transgénero, colectivos antifascistas, hombres aliados y familias enteras que asistieron con sus hijas pequeñas en brazos, convencidos de que educar en la resistencia es vital para el futuro.

Como concluyó Torres, las razones para salir a las calles abundan en una sociedad que tiende a invisibilizar las victorias femeninas apenas baja la marea mediática: ‘Siempre van a sobrar razones para salir a las calles a manifestarnos, para salir a las calles a hacernos notar, porque por más de que pase un tiempo, las mujeres después de un ratico volvemos a ser invisibilizadas. Después de un ratico volvemos a dejar de ser nombradas. Entonces, siempre es importante seguir y no parar la lucha’.

Las colectivas invitan a la ciudadanía a unirse a este tejido de apoyo a través de sus canales de comunicación oficiales en redes sociales. En plataformas como Instagram y TikTok, los movimientos se encuentran activos bajo los perfiles @memoria.dujer y @lilabandas, espacios desde donde se coordinarán los próximos encuentros, conversatorios y el proceso de constitución de la fundación.