Por: RadioSur 106.4 FM / Comunikate

El encuentro entre la agrupación colombiana Fonoclórica y la vasca Oreka TX convirtió el Teatro El Ensueño en un laboratorio vivo donde el bambú, los cantos campesinos y la juventud del sur de Bogotá redescubrieron el valor de la tradición en movimiento.

En el corazón de Ciudad Bolívar, el sur de Bogotá presenció la construcción de un puente invisible pero resonante a través del Océano Atlántico. El escenario del Teatro El Ensueño acogió la presentación de «Sinfonía Transatlántica», una propuesta artística e investigativa enmarcada en el proyecto Bas Colombia, liderada conjuntamente por la agrupación colombiana Fonoclórica y la agrupación vasca Oreka TX. Lejos de ser una mezcla fortuita de sonidos, la experiencia se consolidó como una investigación de dos años sobre la memoria, el trabajo campesino y la capacidad del arte tradicional para hablarle directamente a las comunidades urbanas del presente.

1. Dos Años de Sinergia: De la Distancia a la Creación Compartida

El proyecto no surgió de un impulso improvisado en el escenario. Como lo relata Leonel Merchán, integrante de Fonoclórica, la alianza requirió un proceso sostenido de dos años en el que alternaron jornadas de trabajo a distancia con encuentros presenciales intensivos. Lo que comenzó como un laboratorio entre tres músicos evolucionó gradualmente hasta conformar una alineación de siete artistas en escena.

El reto principal, según los creadores, superó la simple combinación tímbrica. El verdadero desafío fue humano y metodológico: comprender cómo escuchar a la otra cultura sin imponer jerarquías musicales ni diluir la identidad de cada territorio. En ese ejercicio constante emergió el concepto central de la propuesta: la sinergia. No se trataba de borrar las diferencias culturales entre Colombia y el País Vasco, sino de hallar el espacio exacto donde esas particularidades pudieran entablar un diálogo sincero.

«Es un proyecto en conjunto que hemos venido desarrollando durante dos años… Se juntan esos ritmos tradicionales y esas maneras de hacer desde la tradición de cada país». — Leonel Merchán, músico e investigador de Fonoclórica

2. El Diálogo del Bambú: Chalaparta y Marimba de Chonta

En el centro de esta «Sinfonía Transatlántica» convergen dos instrumentos emblemáticos de raíz ancestral: la chalaparta vasca y la marimba de chonta del Pacífico colombiano. Ambos comparten materiales orgánicos como la madera y el bambú, así como una sonoridad basada en la percusión, la resonancia física y el trabajo estrictamente colectivo.

El Maestro Aritz, integrante de Oreka TX, explica que la chalaparta que llegó al escenario bogotano ha atravesado un riguroso proceso de transformación contemporánea. Originalmente concebida en formas tradicionales más rudimentarias, la agrupación la fue adaptando a las exigencias de la composición actual, refinando su afinación de una escala diatónica hacia una cromática, e integrando diversos materiales tímbricos sin perder su sustancia ritual.

«Nosotros partimos de instrumentos de raíz tradicional… fuimos afinando primero diatónicamente, luego cromáticamente. Para nosotros el proceso de investigación parte un poco de la misma filosofía del instrumento: es hacer uno entre las dos partes». — Maestro Aritz, cofundador de Oreka TX

Por su parte, la marimba de chonta aporta la calidez, el swing y la profunda historia afrocolombiana del litoral Pacífico. Al encontrarse ambas expresiones en el escenario, la interpretación demostró que la tradición no es una pieza estática de museo, sino una herramienta de investigación viva que evoluciona cuando los músicos exploran juntos timbres, velocidades y métricas complejas.

3. Cantos de Trabajo y Memoria Campesina: Los Puntos de Encuentro

Uno de los hallazgos más reveladores del laboratorio entre Fonoclórica y Oreka TX fue el descubrimiento de raíces socioculturales comunes en los cantos de trabajo. Tanto en las áreas rurales de Colombia como en las montañas del País Vasco, las manifestaciones musicales tradicionales nacieron históricamente ligadas a las tareas del campo, al pastoreo, a la arriería de ganado y a la labor cotidiana colectiva.

Durante el proceso investigativo, los músicos identificaron intersecciones melódicas y devocionales sorprendentes. Un caso emblemático es el culto y canto a San Antonio: una expresión profundamente arraigada en las comunidades del Pacífico colombiano que, para asombro del equipo, también posee una arraigada vertiente litúrgica y popular en la tradición vasca. En el espectáculo presentado en Ciudad Bolívar, la pieza dedicada a San Antonio fue entonada tanto en español como en euskera, trenzando ritos y paisajes distantes en una sola voz armoniosa.

4. Ciudad Bolívar y el Teatro El Ensueño: La Apropiación desde el Sur

La descentralización de la oferta cultural de Bogotá encontró en el Teatro El Ensueño un catalizador idóneo. La elección de esta sala en el sur de la ciudad garantizó que un espectáculo de talla internacional le hablara directamente a las familias, niños y jóvenes de la localidad de Ciudad Bolívar.

La respuesta del público transformó la atmósfera del recinto. La agrupación estructuró una dramaturgia musical basada en una curva emocional progresiva: comenzó capturando la atención analítica de los asistentes mediante las texturas instrumentales, para luego invitar gradualmente a la participación física. Hacia la parte final del concierto, los espectadores rompieron la etiqueta del patio de butacas, levantándose a bailar y aplaudir con entusiasmo, exigiendo un encore al unísono.

«Me pareció que está increíble, está muy genial… al juntar la diversidad hicieron un gran trabajo aquí en el teatro». — Laura Bejarano, asistente al concierto en Ciudad Bolívar

5. Juventud, Identidad y el Futuro de las Músicas de Raíz

Un componente prioritario de «Voces del Sur» radica en el mensaje dirigido a las nuevas generaciones. Tanto Fonoclórica como Oreka TX coincidieron en que la salvaguardia del patrimonio folclórico exige la presencia activa de los jóvenes, desmitificando la idea de que lo tradicional pertenece únicamente al pasado.

Leonel Merchán enfatizó que la adolescencia —entre los 11 y los 16 años— constituye una etapa crucial en la búsqueda individual y colectiva de la identidad. En ese sentido, explorar la riqueza del patrimonio musical colombiano brinda referentes culturales sólidos capaces de conectar con el corazón y la sensibilidad de la juventud contemporánea.